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Emisión de pólizas en Divisas Bajo Régimen de Control de Cambio

I.- Nociones generales y particulares

El control de cambio, está referido a la intervención del gobierno, mediante normas, para restringir o regular la libre convertibilidad de la moneda; obviamente, ello podría implicar normas y procedimientos dirigidos a regular de forma específica la tasa de cambio de la moneda nacional en moneda extranjera (véase a Rodner S.)[1].

Como primera idea de nuestro análisis, nos interesa prestar atención a los efectos del control de cambio, podemos decir que, éste limita la posibilidad de contratar pasivos en moneda extranjera, debido a que el deudor, en nuestro caso las compañías de seguros y de reaseguros domiciliadas y registradas en Venezuela, no tendría libre acceso al mercado de divisas para obtener la moneda extranjera, debido que para ello debería cumplir con las formalidades para la adquisición de las mismas; similares limitaciones tendría también el asegurado para obtener las divisas para el pago de las primas.

Habría que analizar si las obligaciones de las aseguradoras, subyacentes en las pólizas suscritas en moneda extranjera, se encuentran expresadas en moneda de cuenta o como moneda de pago, si tales obligaciones están fijadas en moneda de cuenta, las compañías de seguros se pueden liberar  -a la hora del pago del siniestro- entregando el equivalente de la moneda extranjera en bolívares, dado que la moneda de cuenta fija un modo para determinar el valor de la obligación; de manera que la aseguradora tiene una obligación alternativa[2] –clasificación de las obligaciones según la pluralidad de objetos- y ella se libera pagando en moneda extranjera o en bolívares.

Cuando la obligación de la aseguradora contenida en la póliza suscrita en moneda extranjera, se fija como moneda de pago, dicha aseguradora sólo se liberaría pagando el siniestro en moneda extranjera.

Con respecto a lo anterior, la doctrina[3] sostiene que en Venezuela las obligaciones en moneda extranjera, tienen la presunción, salvo pacto en contrario, de que son fijadas en moneda de cuenta; de  forma que la aseguradora se libera de cualquiera de las dos formas indicadas anteriormente (ver Artículo 116 de la Ley del Banco Central de Venezuela).

En lo atinente a las pólizas suscritas en moneda extranjera debemos decir que ellas se limitan a fijar la obligación en moneda extranjera, pero no dicen nada respecto a si la  expresión es, en moneda de cuenta o moneda de pago; de modo que opera la presunción señalada, es decir, se entiende que la obligación está expresada en moneda de cuenta.

II.- Antecedentes

Antes del control de cambio de julio de 1994, teníamos entendido que en el mercado de seguros se emitían pólizas en moneda extranjera[4] e incluso el propio Órgano de Control, había autorizado de forma particular la suscripción de este tipo de coberturas.

Con el Decreto 268 del 09 de julio de 1994, contentivo de las Normas para la Administración y Obtención de Divisas, se estableció una serie de limitaciones a la libre convertibilidad de la moneda nacional y dejó, a su vez, al sector seguros, aislado del mercado de reaseguros internacional, situación ésta que se reflejaba, entre otros aspectos en: no se pagaban los ajustes de primas definitivos, los saldos de las “cuentas corrientes” o cuentas técnicas, comisiones  a los corredores de reaseguros foráneos y las devoluciones de depósitos de reservas de primas o de siniestros pendientes liberados.

Un mes después mejoró la situación, con la promulgación de la  Resolución No. 11, del 17 de agosto de 1994. Este convenio cambiario estableció en su Artículo 4: “La Superintendencia de Seguros del Ministerio de Hacienda podrá autorizar en forma genérica la emisión de pólizas de seguros denominadas en divisas, en aquellos tipos o clases de seguros en que por su naturaleza, o las características de los bienes o de los casos cubiertos así lo justifiquen, o, en forma particular, cuando lo justifiquen las circunstancias del caso de que se trate”.

Del contenido de la mencionada norma, se observaba una restricción al otorgamiento de pólizas en divisas, de manera que se requería, durante la vigencia del mencionado control cambiario, de la autorización expresa de la Superintendencia de Seguros. Tal restricción era entendible, dado que no tenía el asegurado libre acceso a la divisa para pagar la prima y tampoco lo tenía la Aseguradora para pagar los siniestros; empero, se comprendía que en determinados casos era necesario la suscripción en divisas, como, por ejemplo: Mega Riesgos o Riesgos Jumbo, o porque la reposición  o reemplazo o reparación de ciertos bienes no era posible realizarlos con producción nacional, debido a, entre otras cosas, que no existían los prestadores de servicios o proveedores en Venezuela.

El tema volvió a tener relevancia por el Convenio Cambiario No 1 del 05 de febrero de 2003, publicado en la Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela No. 37.625, mediante el cual se dictó un nuevo Régimen para la Administración de Divisas o Control de Cambio.

III.- Situación antes del Convenio Cambiario No. 1 del 05 de febrero de 2003

La situación era la misma que regía antes del control de cambio del año 1994, es decir, tanto en la Ley de Empresas de Seguros y Reaseguros (LESR,1994 derogada) como la Ley del Contrato de Seguros (2001), como en el Reglamento de aplicación de la LESR de 1994 (derogada), no existían prohibiciones para la suscripción de pólizas en divisas y la Superintendencia de Seguros (Sudeseg), había autorizado Tarifas y Pólizas en divisas, de manera que el mercado de forma pacífica había venido suscribiendo pólizas en moneda extranjera, especialmente en dólares americanos.

El asunto ahora cambia con la reciente publicación de la Ley de la Actividad Aseguradora que restringe la suscripción de pólizas y fianzas en divisas, a la previa autorización por parte de la Superintendencia de la Actividad Aseguradora.

Ya se oyen interpretaciones encontradas y restrictivas que no se compaginan con la intención de los convenios cambiarios recientes. Dado que como hemos dicho no existe prohibición formal de realizar contratos en moneda extranjera, salvo las limitaciones de algunas leyes, en el caso de los seguros a la aprobación administrativa del ente fiscalizador.

Por el contrario, el Artículo 11 de la conocida Providencia 2703 del 10 de noviembre de 1999, publicada en la Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela No. 36.862 del 04 de enero de 2000, establecía: “Cuando las empresas de seguros celebren contratos de seguros en monedas extranjeras, las reservas técnicas exigidas por la Ley, deberán estar representadas y mantenidas en el territorio de la República de Venezuela (sic) en bienes denominados en el mismo tipo de moneda en que se celebró el contrato en dólares o en euros. Dichos bienes se contabilizarán en los estados financieros en bolívares, al tipo de cambio vigente para la fecha de la elaboración de los mismos”.

La citada norma, a nuestro entender, se corresponde con el Numeral 1 del Artículo 81 de la LESR (1994 derogada). De manera que el tipo de bienes en los cuales se podía invertir las reservas técnicas productos de primas en divisas, tenía que ser Bonos de la Deuda Pública en Divisas emitidos por el Gobierno Venezolano, por Gobiernos Latinoamericanos o por  Organismos Públicos Financieros Internacionales.

Los asegurados y contratantes justifican la necesidad de suscribir sus contratos de seguros en divisas, por diversas razones, a saber: marcada devaluación del bolívar, lo que les ocasiona que sus valores a riesgos sean cada vez mayores a los asegurados (infraseguro), debido a que en sus balances, están reflejados en bolívares pero con referencia al dólar y la razón es porque la mayoría de sus componentes o la totalidad de ellos son importados.

El mercado de seguros no puede quedar aislado del mercado de reaseguros internacional, como sabemos, las compañías de seguros contratan sus reaseguros automáticos, proporcionales  y no proporcionales (dentro de los primeros, los cuota parte y excedentes y dentro de los segundos, los excesos de pérdidas) y sus reaseguros facultativos, en su gran mayoría, con reaseguradores foráneos; empero, en todo caso, los reaseguradores nacionales, tienen que conseguir sus respaldos inexorablemente, con reaseguradores extranjeros.

De manera que para poder honrar sus compromisos, con reaseguradores y corredores de reaseguros foráneos, referidos a: pagos de primas, comisiones de intermediación de reaseguro, devolución de reservas técnicas, en los casos en que los reaseguradores no estén inscrito en el Registro Ad Hoc que lleva la Sudeseg, gastos, siniestros y los saldos en general de las “Cuentas Corrientes”; necesitan obtener divisas.

IV.- Providencia No. 011 de la Comisión de Administración de Divisas del 21 de febrero de 2003, publicada en la Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela No. 5.629 Extraordinario de la misma fecha, la cual establece los requisitos y trámites para la obtención de divisas para las operaciones de seguros y reaseguros.

En el pasado control de cambio, como lo reseñamos previamente, se permitió de alguna manera que el sector seguro, pudiera acceder a las divisas que necesitaban para poder conseguir los respaldos del reaseguro foráneo.

Analizaremos de inmediato el contenido del Artículo 8 de la citada Providencia, el cual reza: “La Superintendencia de Seguros del Ministerio de Fianzas podrá autorizar en forma genérica la emisión de pólizas de seguros denominadas en divisas, en aquellos tipos o clases de seguros en que por su naturaleza o las características de los bienes o de los casos cubiertos así lo justifiquen; o en forma particular, cuando lo justifiquen las circunstancias del caso”.

Nos toca manejar varias hipótesis por resolver:

1.- Pólizas en divisas, emitidas antes de febrero de 2003 y en especial antes de la Providencia en cuestión, y cuyas primas se encuentren pendiente de pago.

No resultaría extraño que algunos sugieran que el asegurado o contratante pague en bolívares, al equivalente de la moneda extranjera, según el convenio único establecido; en ese sentido nos preguntaríamos, si de aplicarse esta práctica (póliza en divisa y prima en bolívares), estaría ajustada a derecho?, ya que el asegurado pagaría en bolívares; empero, tendría derecho a una indemnización en divisas, lo cual desvirtuaría la relación contractual, amén de la pérdida para la aseguradora por la diferencia cambiaria, si la hubiere. CADIVI, no previó esta situación[5], en la propuesta de providencia en su Artículo 8 se preveía: “… y la indemnizaciones de dichos siniestros se cancelarán en su contravalor en bolívares…”; sin embargo, en el Artículo 7 de la Providencia No. 011, se permite que las aseguradoras paguen los siniestros en divisas, pero éstas deben ser vendidas por los beneficiarios al Banco Central de Venezuela; obviamente, debemos reconocer que la disposición que finalmente quedó, contribuye mejor con el fin de dicho control de cambio. Cabe resaltar que si la aseguradora recibe la prima en bolívares, cómo podría tener la reserva técnica en divisas, tal como lo exige la Providencia Contable 2703?.

Lo correcto sería que el asegurado acudiera a la Comisión de Administración de Divisas (CADIVI); cabe mencionar que aún no ha sido sancionada ninguna Providencia que establezca los requisitos y parámetros para la obtención de divisas para servicios, los únicos instrumentos sancionados son los que establecen los parámetros para la obtención de divisas para los importadores, exportadores, banco, instituciones financieras y demás operadores cambiarios autorizados; y obtuviera las divisas correspondientes, pero ello implicaría que la aseguradora tendría que vender las divisas al Banco Central de Venezuela (a tenor de lo pautado en el Artículo 28 del Convenio Cambiario No 1) al recibir la divisa en efectivo –cabría preguntarse que pasaría si la recibiera de otra forma?- con una pérdida inmediata por la convertibilidad (cambio para la compra).

Si  el asegurado dispone de divisas provenientes de sus cuentas en el exterior, seguramente estaría en capacidad de pagar la prima mediante cheque de un banco extranjero o mediante transferencia bancaria en una cuenta, en el exterior, de la compañía de seguros. Por cierto así se procedía muy recientemente y esta situación, no estaba prohibida y, a nuestro entender, sigue permitida, la pregunta sería: qué hacer en estos casos?, se venden las divisas, se reportan o no pasa nada.

En el anterior supuesto cabría preguntarse además, si ello es legal; no existiendo control de cambio, tal procedimiento se corresponde con la manera usual en este tipo de operaciones. Ahora bien, en la actualidad no existe regulación alguna que lo prohíba; sin embargo, hasta ahora la única norma que acaricia una regulación aplicable, sería el Artículo 27 del Convenio Cambiario No. 1 del 05 de febrero de 2003, Publicado en la Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela No. 37.625, según el cual: “Serán de venta obligatoria al Banco central de Venezuela al tipo de cambio que se fijará (...), todas las divisas originadas por las exportaciones de bienes, servicios o tecnologías, realizadas a partir de la entrada en vigencia del presente Convenio Cambiario...”. (subrayado nuestro).

Sin embargo en el caso que estamos analizando, no se trata de una exportación de un servicio, salvo mejor opinión, y tampoco la divisa ha ingresado al país, en términos reales y literales, de modo que tampoco se aplica el Artículo 29 del citado convenio No.1.

El asunto se hubiera complicado a la hora de la indemnización del siniestro, si la Providencia que regula a las aseguradoras, hubiera establecido: “Los pagos por concepto de siniestro que se efectúen en divisas, por parte de la empresa de reaseguros serán de venta obligatoria al Banco Central de Venezuela, de conformidad con lo establecido en el Artículo 28 del Convenio Cambiario No. 1 y las indemnizaciones de dichos siniestros se cancelarán en su contravalor en Bolívares”. Si ello fuere así nos preguntaríamos: qué sentido hubiera tenido entonces, para el asegurado, la contratación de una póliza en divisas?.

2.- Pólizas emitidas en divisas, antes del control de cambio, y cuya prima se encuentra debidamente cancelada en divisa. El asunto se hubiera complicado, tal como lo indicamos anteriormente, si la Providencia hubiera obligado a las aseguradoras a indemnizar los siniestros en bolívares. Ahora bien, la operación ocurrió antes de la regulación y seguramente la prima en divisa nunca ingresó de forma real al país y la compañía de seguros, tiene sus reservas para hacer frente a este tipo de siniestros, en divisa. De manera que la aseguradora pagaría el siniestro en divisas y el beneficiario deberá venderlas al Banco Central de Venezuela, según lo pautado por el Artículo 7 de la Providencia No. 011, aunque cuando se hizo la operación ésta no existía o nos preguntamos si podría efectuar el pago en divisa en una cuenta del asegurado en el exterior o mediante cheque de una cuenta del exterior?, como lo haría en el pasado.

3.- Pólizas en divisas, nuevas, bajo el ámbito de aplicación del control de cambio y con una regulación especial para las aseguradoras.

En este supuesto  cualquier póliza que se emita en divisas, requerirá de la autorización particular de la Superintendencia de Seguros, cuya solicitud dicho Organismo tendría que revisarla con sumo cuidado, dado los inconvenientes que podrían presentarse, tanto para la obtención de las divisas, a la hora del pago de la prima, como para la liquidación de los siniestros.

Con vista a lo anterior, nos atreveríamos a decir que las autorizaciones dadas con anterioridad al control de cambio y demás convenios y providencias, podrían considerarse que quedan suspendidas, o quizá deba considerarse que quedan bolivarizadas. Lo ideal sería que se autorizada a los contratantes o asegurados para adquirir divisas para el pago de primas de seguros y que las aseguradoras pudieran pagar siniestros en divisas, hasta ciertos límites, mediante el régimen de administración de sus propias divisas hasta ciertos montos, a similitud de lo previsto en el Artículo 4 de la Resolución No 2 de CADIVI del 07 de febrero de 2003, publicada en la Gaceta Oficial de la República bolivariana de Venezuela No. 37.627, para los exportadores.

V.- Conclusión

Con vista a nuestras ideas e hipótesis, cabría preguntarse: qué sentido tiene para el asegurado o contratante, contratar una póliza en moneda extranjera?. Ello por que tal como están redactados y expresados dichos contratos de seguros la aseguradora se liberaría pagando el siniestro en bolívares – a la tasa de cambio existente el momento del pago- y más aún, si en la Providencia que regule la obtención de divisas para el sector seguros, se prevea que “...las indemnizaciones de dichos siniestros se cancelarán en su contravalor en bolívares”.

Estimamos que serían variadas las razones para tomar un seguro en moneda extranjera, a saber: (i) El mismo fundamento que siempre ha existido, evitar el infraseguro, por efecto de la fluctuación de la moneda, debido a que los bienes o la mayor parte de sus componentes son importados y su reposición se debe hacer en moneda extranjera. Claro está que si la tasa de cambio fuese fija durante un período más o menos largo (superior al año póliza), este problema no existiría; pero ello no lo podemos saber al momento de la contratación de la póliza, por el contrario se especula que la tasa de cambio podría ser ajustada; (ii) Si se suspende el control de cambio antes del vencimiento de la póliza y ocurriese un siniestro, volveríamos a la situación en que nos encontrábamos, antes del control de cambio, y el asegurado seguramente cobraría su siniestro en moneda extranjera sin ningún inconveniente, estando a su vez protegido frente al riesgo de fluctuación de la moneda.



[1] Rodner S., James-Otis. Elementos de Finanzas Internacionales, Editorial Arte, Tercera Edición. Caracas 1997.
[2] Rodríguez, Urbano Simón. Curso Básico de Fianzas. Instituto Universitario de Seguros
[3] Rodner S., James-Otis. Las obligaciones en moneda extranjera (El Régimen de Cabio en Venezuela). Editorial Sucre. Caracas, 1983.
[4] Rodríguez, U. Simón, Abogado Jefe, Superintendencia de Seguros, agosto de 1994
[5] Tal como lo temíamos en nuestro informe, dirigido al Despacho del Superintendente, en agosto de 1994, en aquel caso, tampoco se previó la situación.

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