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La Retrofianza o Contragarantía


1. Introducción

El tema que me toca desarrollar fue brillantemente tratado por la Doctora Alicia Salas (Americana de Reaseguros, Venezuela), en el IV Seminario Regional de Fianzas (Isla Margarita, 2004). Aquí haré, para quienes no estuvieron en el citado evento, un breve repaso de algunas nociones básicas. Luego abordaré algunos de los interrogantes planteados por la Dra. Salas y que entendimos sería conveniente revisarlos en algún momento. Finalmente, me referiré a un modelo de contragarantía, para dejar conocer nuestras experiencias.

Comentaba la doctora Salas en la introducción de su charla que un alumno del Instituto Universitario de Seguros (Venezuela) le preguntó: ¿Para qué sirven las contragarantías? Por supuesto su respuesta obligada fue: “...es un colateral de nuestro afianzado para tratar de garantizarnos la recuperación en caso de un siniestro en fianzas...”.

Fuera de ese salón de clases, y en una palestra como la presente, la respuesta podría ser la misma, pero podríamos atrevernos a ser más osados.

Como ustedes saben, a raíz de la fianza -que otorga una aseguradora, un banco o una afianzadora- por derecho civil se genera una acción de recupero contra el afianzado en caso de que se honre la garantía.

El Código Civil venezolano, y en general estimo que la legislación civil de la mayoría de nuestros países de corte europea, prevé dicha acción así: “El fiador que haya pagado tendrá recurso contra el deudor principal aún cuando éste no haya tenido conocimiento de la fianza dada”.

El asunto es que en los verdaderos siniestros de fianzas, normalmente el deudor no tiene con qué pagar, por tanto la acción de recupero del fiador, denominada “subrogación”, se torna inocua.

Cuando se suscribe una fianza, el analista o suscriptor debe partir de la siguiente premisa: si hubiere un problema con esta garantía, es porque la situación del afianzado es bien delicada, y si tenemos que honrar dicha caución, es porque la situación delicada se transformó en un asunto grave. Me explico: cuando se le otorga una fianza a un cliente es porque éste ha superado con éxito el análisis de los tres riegos, moral, técnico y financiero. Entonces, se trata de una empresa o persona que, en primer lugar, goza de una excelente reputación, es cumplidor de sus obligaciones y en su historial todo indica que ha realizado buenos contratos; en segundo lugar, es un experto realizando el tipo de trabajo objeto de la fianza, tiene experiencia en ello y dispone de las herramientas y el personal adecuado para ejecutarlo; finalmente su situación financiera ha sido y es estable en el tiempo.

Vistas así las cosas no existen motivos, al momento del otorgamiento de la garantía, para pensar que nuestro cliente tenga problemas con ese contrato. Y, si los tuviere, por asuntos no exclusivos de su voluntad, todo indica que saldrá airoso de dichos problemas y, en casos extremos, tiene suficiente dinerario y bienes para solventarlos; así que la acción de recupero mencionada anteriormente está garantizada, por lo que no habría ni siquiera que usarla.

Por ello he sostenido que si hubiere un verdadero siniestro en fianzas, lo cual generalmente ocurre cuando existen problemas de insolvencia definitiva o quiebra, el derecho de subrogación de fiador contra el deudor se vuelve sal y agua, al menos en el corto y mediano plazo.

La importancia de la contragarantía, o de ese colateral entregado por los socios del afianzado, se verifica en un momento como el señalado; empero el problema no queda resuelto, así que más adelante abordaré otras dificultades que debemos superar.

2. Definición

Nuestra legislación civil no define el término “retrofianza” y mucho menos la palabra “contragarantía”, ni siquiera los menciona. Lo que sí regula es la acción de recupero del fiador, como se indicó en la introducción. Sin embargo, la doctrina civil la denomina “retrofianza”, llamada así a la garantía que es otorgada por una persona que se compromete con la compañía, a pagarle si el afianzado no le paga, las resultas de la fianza. El contragarante se compromete con la compañía a que si ella paga por el afianzado, éste último le va a reintegrar la suma correspondiente (Rodríguez U. Simón. Los Finiquitos de las fianzas en el Mercado Asegurador, Asociación Panamericana de Fianzas, 1994).

Como bien señaló la Dra. Salas, en nuestros mercados esa garantía que otorga una persona vinculada al afianzado a favor del fiador (aseguradora, banco o afianzadora) para responder por las resultas de la fianza, es decir, para garantizar el derecho de recupero del fiador por haber honrado el denominado seguro de caución o fianza, se llama “contragarantía”.

Como lo hemos dicho, la contragarantía es una segunda garantía pero no a favor del acreedor sino a favor del fiador. Normalmente en el mercado de seguros esta contragarantía es una fianza otorgada por los socios del afianzado.

3. Las garantías en general y las contragarantías

En el derecho civil las garantías se clasifican en personales y reales. Dentro de las primeras se encuentran la fianza y el aval, y dentro de las segundas la prenda y la hipoteca. Estas dos últimas merecen una mención especial debido a la posibilidad de constituir una prenda sin desplazamiento de la posesión y de darse una hipoteca sobre ciertos bienes muebles.

a. Garantías personales

En estos casos el garante de la obligación del deudor (fiador o avalista), responde del cumplimiento de la obligación con todo su patrimonio; de esta forma el acreedor tiene a su disposición dos patrimonios para satisfacer su crédito: en primer término el patrimonio del deudor y, en segundo término, dispone del patrimonio del garante.

Como se puede apreciar ambas garantías, la fianza y el aval, no ofrecen al acreedor un bien en particular para garantizar los daños y perjuicios que le pueda causar el deudor contumaz.

El acreedor podría considerar que las garantías personales son débiles, debido a que debe confiar en el buen cuidado del patrimonio que debe hacer el garante o el deudor, es decir, debe confiar en que ese patrimonio no va a decrecer o ser aventurado, permitiendo así la posibilidad real de recupero del acreedor en caso de incumplimiento de la obligación.

En el caso de la fianza la debilidad es mayor porque a la hora de la ejecución de la misma, si el fiador se niega honrar el compromiso contenido en la garantía, dicho acreedor tendrá que demandar la ejecución de la caución; obviamente el proceso se seguirá por el juicio ordinario, con las consecuencias que ustedes conocen (por ejemplo, la posibilidad de insolvencia del fiador); además el fiador puede oponer todas las excepciones que tendría el afianzado y que no sean personales a éste.

Las anteriores apreciaciones son las mismas para el caso en que la aseguradora, banco o afianzadora, haya recibido como contragarantía una fianza, suscrita tanto por el propio afianzado como por el contragarante propiamente dicho, tal como se observa en el modelo que se incluye en el final de este trabajo.

Lo que quiero decir es que, al solicitarse la ejecución de la contragarantía, bien bajo el supuesto de que se quiera recuperar las resultas de la fianza (valor del siniestro, más los gastos y honorarios de abogados), o porque se hayan dado las condiciones para pedir la constitución de un depósito en efectivo que cubra el valor de todas las fianzas vigentes, se verificarán las debilidades de este tipo de garantía, a saber: (i) un juicio largo, en el cual se debe probar el derecho contenido en el documento, referido al incumplimiento culposo del deudor o contragarante; y (ii) la posibilidad de insolvencia del obligado.

Respecto del aval, sigue existiendo la debilidad de la confianza por parte del acreedor en que el garante cuide su patrimonio. En cuanto al proceso de ejecución en caso de que el avalista se niegue honrar su compromiso, éste es más rápido: se trata de la denominada vía ejecutiva o vía rápida; además como es sabido, las obligaciones que garantizan los avales son obligaciones mercantiles (letras de cambio, cheques, pagarés u obligaciones contenidas en títulos cartulares), cuyo proceso de ejecución es más expedito.

He querido hacer las anteriores observaciones porque la mayoría de las contragarantías recibidas por las aseguradoras y afianzadoras son simples fianzas, de manera que las dudas que tiene el acreedor cuando recibe una fianza como garantía de su crédito, son las mismas que tendría una aseguradora o afianzadora, cuando recibe una contragarantía.

b. Garantías reales

En estos casos el acreedor sí dispone de un bien - mueble (prenda) o inmueble (hipoteca) - para la satisfacción de su crédito, bien que ha sido ofrecido por el deudor o por un tercero. No existen las debilidades anteriores: el acreedor no está a expensas de que el garante cuide su patrimonio, debido a que el bien queda amarrado por el acreedor.

Por otro lado, la posibilidad de insolvencia del garante a la hora de la ejecución de la garantía no existe; empero, como sabemos, un juicio de ejecución de hipoteca o de ejecución de prenda también lleva su tiempo, amén de las costas y costos del proceso, detalles éstos que deben ser tomados en cuenta a la hora de la constitución de tales garantías o contragarantías.

Como podrán observar, para un fiador resulta más ventajoso recibir como contragarantía una prenda o una hipoteca; no obstante, estos tipos de contragarantías generan gastos de constitución, exigen tiempo para hacerlas posible, y paralizan de alguna forma la movilización de los bienes en cuestión por parte del garante (contragarante), por lo que no son muy comunes en nuestro mercado, y sólo se ven en caso muy especiales.

4. Consideraciones sobre otras contragarantías personales y reales

La Dra. Salas mencionó en su exposición algunos instrumentos que sirven de contragarantías y que entran dentro de las garantías personales o dentro de las garantías reales, y algunos instrumentos atípicos que no logramos identificar dentro de las garantías conocidas.

a. Pagaré

En algunos mercados como el colombiano, se le suele solicitar al afianzado que en vez de dar una fianza a favor de la aseguradora o afianzadora, otorgue un pagaré, en este caso en blanco.

Como sabemos, el pagaré contiene una orden de pago en beneficio del acreedor, en nuestro caso el fiador del deudor; el deudor no ofrece un bien en particular sino que la garantía de su crédito sigue siendo todo su patrimonio. Obviamente a la hora de la ejecución de esta garantía se seguirá la vía ejecutiva o la llamada vía rápida, al igual que en el caso de ejecución de un aval.

Quizá la diferencia entre recibir un pagaré como garantía de las resultas de la fianza y recibir otra fianza, es que se cuenta con un instrumento mercantil y no con un instrumento civil, y se supone que el proceso de cobro de esa garantía es más rápido y eficaz.

En mi opinión, como contragarantía el pagaré en blanco en Colombia es excelente, si se lo compara con la fianza que ordinariamente se recibe como contragarantía. Pero no en todas las legislaciones existe esa figura. Por ejemplo, el Código de Comercio Venezolano no prevé la figura del pagaré en blanco.

Por supuesto, así como el cliente ofrece como garantías de las resultas de la fianza un pagaré en beneficio del fiador, debo insistir en que si no es un pagaré en blanco permitido por la legislación del país de que se trate, veo complicado el uso de la figura del pagaré por lo que éste significa y por los requisitos que debe contener para que sea utilizado como un instrumento mercantil. También podría ofrecer el cliente otro tipo de contragarantía similar, por ejemplo, letras de cambio.

Lo importante a mi juicio es tener claridad sobre el proceso de ejecución de la contragarantía (que su otorgante ofrezca un patrimonio distinto al del afianzado), las debilidades de la misma, y las formalidades que la legislación prevé para constituirla.

b. Carta compromiso

Podría constituir una simple carta otorgada por la casa matriz del afianzado en la cual valida y ratifica los intereses que tiene en la compañía local, y que tiene conocimiento de que la aseguradora o afianzadora de que se trate le ha otorgado una fianza a su filial. Me parece que en este caso existe un compromiso moral que de alguna manera le da respaldo a la operación, pero en realidad esto no constituye una contragarantía.

En otros casos se trata de una verdadera fianza, pero debemos cerciorarnos de que se cumplan los mismos rigores que exigimos para las contragarantías comunes de nuestros clientes (por ejemplo, copias de las actas constitutivas debidamente legalizadas, y que la persona que firma tenga el carácter de representante legal o firma autorizada para dar fianza).

5. Análisis de un modelo de contragarantía

Como he reiterado en varias oportunidades, la contragarantía que usualmente recibimos de nuestros clientes es una fianza redactada por nosotros mismos. Fíjense que la capacidad de negociación del afianzado frente a nosotros es casi nula. Estamos ocupando la posición del acreedor, y ¡cuánto nos molesta que el acreedor principal nos imponga el modelo de nuestras fianzas!

En este documento nos gusta que el representante legal del afianzado firme dicha contragarantía, ratificando la fianza que hemos otorgado a dicha empresa y asumiendo una serie de obligaciones, algunas amarradas a dicha fianza principal y otras independientes de la misma.

En este punto se plantea un primer interrogante: ¿Por qué obligamos a la propia empresa afianzada a que firme la contragarantía, si hemos afirmado que el fiador tiene una acción de recupero contra el afianzado aunque éste no haya tenido conocimiento de la fianza?

Una de las razones ya fue mencionada: la afianzada asume con la fiadora obligaciones independientes de la fianza principal. De todas maneras, nuestras legislaciones civiles dicen que el afianzado no es parte del contrato de fianza, que las partes son el acreedor y el fiador, así que una de las maneras de obligar al afianzado con ocasión de la fianza otorgada es haciéndolo firmar dicha contragarantía.

Luego, en segundo lugar, que la empresa afianzada, en la persona de su representante legal, ratifique que se le ha otorgado la fianza o una serie de fianzas, no constituye una mala práctica sino por el contrario, es un ejercicio preventivo recomendable.

Entre las obligaciones para la afianzada y contragarante con ocasión de la fianza que, de no constar en algún documento, harían más dificultosa la ejecución judicial, tenemos:

(i) En este documento existe la obligación tanto del afianzado como del contragarante de responder tanto de las primas de emisión como (y especialmente) de las primas de renovación.

En algunas ocasiones, la aseguradora o afianzadora permite que el cliente pague las primas de emisión en fecha posterior a la entrega de las pólizas por varias razones, por ejemplo, que se trate de un afianzado que solicita fianzas con regularidad o que las relaciones con el productor así lo ameriten.

Es de nuestro conocimiento que, una vez entregada la fianza, para el acreedor es transparente si el afianzado pagó o no tanto la prima de emisión como las primas de renovaciones.

La fianza no es objeto de rescisión (cancelación anticipada) por parte del fiador porque el afianzado haya incumplido alguna de las obligaciones implícitas con ocasión de dicha garantía. La aseguradora, afianzadora o banco de que se trate sigue amarrado con el acreedor hasta la liberación de la fianza, independientemente de las primas que deba dicho afianzado.

(ii) Ambos obligados en la contragarantía denominados “EL AFIANZADO” y “EL CONTRAGRANTE”, se obligan a presentar a la fiadora, lo que hemos denominado “seguimiento del contrato” (Rodríguez U. Simón, Estudios sobre de Derecho de Seguros, Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, 2003), es decir, actas de inicio, valuaciones, actas de terminación, provisionales y definitivas, en general los finiquitos de las fianzas.

(iii) Parece que existe la duda de si la fiadora en su acción de regreso puede recuperar además del valor de la fianza, los gastos (peritaje, pasajes, viáticos, transportes), honorarios de abogados, intereses, etc., en que ha incurrido con ocasión de la fianza otorgada, por ello tal obligación se inserta en la contragarantía, además para poder luego alegarlos en la constitución de depósito como se tratará más adelante.

(iv) He aquí una de las obligaciones, a mi juicio, fulminantes y que constituye un paliativo a la respuesta de que la contragarantía no sirve de mucho:

“En caso de que "EL AFIANZADO" incumpliere en cualquier forma algún contrato garantizado por "LA COMPAÑÍA" o cuando algún acreedor notifique a "LA COMPAÑÍA" la ocurrencia de algún incumplimiento "EL AFIANZADO" deberá constituir, en cada caso, para garantizar las resultas o acciones de regreso un depósito en poder de "LA COMPAÑÍA", en dinero efectivo por el mismo monto por el cual "LA COMPAÑÍA" sea responsable de sus Fianzas. Los intereses bancarios que produjere este depósito, o los que produzcan los títulos, Cédulas Hipotecarias o cualquier otro valor en que fuere invertido, serán a favor de "EL AFIANZADO". "LA COMPAÑÍA" queda autorizada a pagar de este depósito la obligación afianzada. Este depósito deberá ser constituido por "EL AFIANZADO" dentro de un plazo no mayor de cinco (05) días hábiles contados a partir del requerimiento que en ese sentido le efectúe "LA COMPAÑÍA", por cualquier medio, incluso por telegrama con acuse de recibo. En caso de que "EL AFIANZADO" no constituyere el depósito en el plazo indicado, "LA COMPAÑÍA" podrá proceder Judicialmente en su contra, demandándole por un monto igual a la suma por la cual debe constituirse el depósito, más las costas y costos del proceso, para obligarle a constituirlo; y podrá solicitar las medidas preventivas en su contra que estime conveniente, aún cuando no hubiere efectuado todavía ningún pago”.

En mi opinión esta interesante alternativa refleja de alguna manera lo que en la legislación civil se denomina “acción de indemnidad”, la posibilidad que tiene el fiador de accionar contra el afianzado antes de que se produzca el siniestro en fianzas.

La obligación del garante de constituir un depósito en efectivo a favor de la fiadora por el valor de las fianzas vigentes, cuando haya incumplido algunas de las obligaciones contenidas en la contragarantía, distintas a las provenientes de un reclamo en fianzas, constituye una obligación independiente de la fianza principal propiamente dicha.

Ahora bien, tal previsión en este documento no es un invento de la fiadora; ya la legislación civil previó la posibilidad de que el fiador pueda accionar contra el afianzado sin haber pagado medio con ocasión de la fianza, sino porque se han dado los supuestos que le hagan suponer que el deudor está entrando en insolvencia y que la acción de recupero a la hora de un problema podría ser ilusoria.

En ese orden de ideas el modelo de contragarantía que proponemos (ver más abajo), prevé tanto la acción de regreso de la fiadora contra el afianzado y contragarante, una vez pagado el siniestro en fianzas, como la posibilidad cierta de accionar contra los mismos antes de que el siniestro se produzca y evitar así que se haga ilusoria la recuperación.

Quisiera hacer otro pequeño paréntesis. Cuando nos avisan que ha habido algún problema con un contrato afianzado por nosotros o, en el peor de los casos, cuando nos solicitan formalmente el pago de la fianza, debemos entender que se han roto las premisas previas, es decir, que el afianzado era un experto, que era cumplidor de sus obligaciones y que tenía bienes suficientes para afrontar sus compromisos.

Una vez realizado el análisis del reclamo y cumplidas las investigaciones del caso, y teniendo como conclusión que la situación es delicada, me preguntaría: ¿vamos a seguir esperando? Tenemos una salida extraordinaria que debe usarse con mucho aplomo y fortaleza, la solicitud del depósito y quizá una solicitud judicial, para lograr medidas preventivas que nos aseguren realmente la acción de recupero.

(v) Existen otros detalles que podrían ser de menor importancia que pueden incluirse en este documento, por ejemplo, prever un domicilio procesal tanto del afianzado como del contragarante y en especial por lo previsto en la legislación civil, que dice que si el fiador paga mal no tiene acción de recupero.

Nos interesa como medio probatorio tener constancia de que avisamos al afianzado del reclamo que recibimos y que lo mantuvimos al día de todo el proceso de negociación con el acreedor, para evitar que nos oponga que pagamos mal porque no lo tomamos en cuenta.

6. Modelo de Condiciones Generales de la Fianza que otorga el Afianzado a favor de una Aseguradora.

Yo, ___________, mayor de edad, de este domicilio, titular de la Cédula de Identidad No_______, actuando en mi carácter de ________de La Empresa: ______________, debidamente facultado para este otorgamiento por los Estatutos Sociales de la Sociedad, en lo sucesivo a los efectos de éste Contrato denominado "EL AFIANZADO", declaro (amos): Para responder a SEGUROS ______, constituida y domiciliada en Caracas, debidamente inscrita por ante el Registro Mercantil ______ de la Circunscripción Judicial del Distrito Capital y Estado Miranda, el ____ de 2005, en lo adelante denominada "LA COMPAÑÍA", de las resultas de las Fianzas, que "LA COMPAÑÍA" otorgue y en especial la fianza que otorgó a favor de _________, acreedor de "EL AFIANZADO", con motivo de las obligaciones que éste contrajo con aquellos, para “_______” EL AFIANZADO" queda obligado frente a "LA COMPAÑÍA" de acuerdo con las siguientes Cláusulas: Cada vez que "LA COMPAÑÍA" emita una Fianza a nombre de "EL AFIANZADO" éste cancelará el recibo de prima emitido por "LA COMPAÑÍA" por un lapso de un (01) año. Transcurrido ese lapso sin haberse producido la liberación de la Fianza emitida, "LA COMPAÑÍA" emitirá un recibo de renovación por un lapso de igual duración que "EL AFIANZADO" se obliga a cancelar sucesivamente hasta que se produzca la respectiva liberación definitiva. SEGUNDA: Con el fin de que "LA COMPAÑÍA" se mantenga debidamente enterada del estado en que se encuentra la ejecución y el grado de cumplimiento del contratos por ella garantizados, "EL AFIANZADO" se obliga a suministrarle copia de todas las Valuaciones aceptadas por "EL ACREEDOR", así como también copia de todas las comunicaciones que les envíen "LOS ACREEDORES" requiriéndole cumplimiento o pidiéndole información. La transgresión de ésta Cláusula durante un período de dos (02) meses, dará derecho a "LA COMPAÑÍA" a considerar incumplidas las obligaciones de "EL AFIANZADO" frente a ella, haciéndose procedente y exigible la obligación de constituir el depósito establecido en la Cláusula cuarta de éste Contrato. TERCERA: "EL AFIANZADO" se obliga a reembolsar de inmediato a "LA COMPAÑÍA" cualquier cantidad que ésta pague en razón de cualquier Fianza emitida a su nombre. En caso de retardo en el cumplimiento de ésta obligación, "EL AFIANZADO" se obliga a pagarle intereses calculados diariamente, a la tasa activa anual de los tres (3) principales bancos del país, que para créditos morosos estén vigentes por todo el tiempo que tarde en reembolsarle a "LA COMPAÑÍA" la cantidad que ella hubiere pagado, más los gastos en que pudiere incurrir "LA COMPAÑÍA" como fiadora, incluyendo todos los Gastos Judiciales como extrajudiciales, las Costas, Honorarios de Abogados, indemnizaciones por daños y perjuicios y cualquier otro gasto o indemnización por daño o pérdida que "LA COMPAÑÍA" sufriere con ocasión de sus Fianzas o del cumplimiento de las condiciones de las mismas y los gastos en que "LA COMPAÑÍA" tuviere que incurrir por gestiones de cobros judiciales frente a "EL AFIANZADO". CUARTA: En caso de que "EL AFIANZADO" incumpliere en cualquier forma algún contrato garantizado por "LA COMPAÑÍA", o incumpliere cualesquiera de las obligaciones asumidas en este documento, o cuando algún acreedor notifique a "LA COMPAÑÍA" la ocurrencia de algún incumplimiento, "EL AFIANZADO" deberá constituir, en cada caso, para garantizar las resultas o acciones de regreso, un depósito en poder de "LA COMPAÑÍA", en dinero efectivo por el mismo monto por el cual "LA COMPAÑÍA" sea responsable de sus Fianzas. Los intereses bancarios que produjere éste depósito, o los que produzcan los títulos, Cédulas Hipotecarias o cualquier otro valor en que fuere invertido, serán a favor de "EL AFIANZADO". "LA COMPAÑÍA" queda autorizada a pagar de éste depósito la obligación afianzada. Este depósito deberá ser constituido por "EL AFIANZADO" dentro de un plazo no mayor de cinco (05) días hábiles, contados a partir del requerimiento que en ese sentido le efectúe "LA COMPAÑÍA", por cualquier medio incluso por telegrama con acuse de recibo. En caso de que "EL AFIANZADO" no constituyere el depósito en el plazo indicado, "LA COMPAÑÍA" podrá proceder Judicialmente en su contra, demandándole por un monto igual a la suma por la cual debe constituirse el depósito más las costas y costos del proceso, para obligarle a constituirlo; y podrá solicitar las medidas preventivas en su contra que estime conveniente, aún cuando no hubiere efectuado todavía ningún pago. QUINTA: La presente garantía permanecerá en vigencia hasta que "EL ACREEDOR" le otorguen a "LA COMPAÑÍA" el finiquito y/o total reintegro del Anticipo y cada una de las obligaciones contraídas con ella. SEXTA: Para el cumplimiento de las obligaciones establecidas en éste documento, queda elegida como domicilio especial la ciudad de _______, a la jurisdicción de cuyos tribunales se someten las partes, con exclusión de cualquier otra que pudiere resultar competente. Y yo, ______, venezolano, mayor de edad, de este domicilio y titular de la Cédula de Identidad No_______, actuando en mi carácter de Representante Legal de la Empresa: _____________, en lo sucesivo y a los efectos de este contrato denominado "EL FIADOR" declaro: Que constituyo a mi representada en fiador solidario y principal pagador de "EL AFIANZADO" en la primera página de este documento identificado, para responder ante "LA COMPAÑÍA", también plenamente identificada, de las resultas de la Fianza objeto de este contrato, así como cualquier modificación que en el futuro sufriere la misma. En forma expresa me(nos) obligo(amos) por las acciones de regreso que "LA COMPAÑÍA" tenga contra "EL AFIANZADO" como consecuencia de dicha Fianza por los intereses a la tasa acordada por "EL AFIANZADO" y demás accesorios legales.. En nombre de mi representada Convengo en extender mi responsabilidad a cada una de las obligaciones contraidas por "EL AFIANZADO" en este Documento. Así mismo declaro(amos) que renuncio(amos) expresamente a los beneficios acordados en los Artículos 1.815, 1.820, 1.833, 1.834 y 1.836 del Código Civil Venezolano Vigente. La garantía que constituyo (imos) mediante este instrumento se mantendrá vigente por todo el tiempo que permanezca en vigor el contrato de Fianza otorgado, incluyendo sus prórrogas y renovaciones y aún después en caso de que "LA COMPAÑÍA", tenga que pagar alguna suma relacionada con éstas operaciones, hasta que sean reintegradas a dicha Compañía la cantidad pagada por ella en cada caso. Para el cumplimiento de las obligaciones establecidas en este documento, queda elegida la Ciudad de Caracas, como domicilio especial, a la Jurisdicción de cuyos Tribunales las partes se someten, con exclusión de cualquier otra que pudiera resultar competente. En ese sentido declaramos que nuestro domicilio es: _____________. En Caracas a la fecha de su autenticación.

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